Mis grandes errores como Madre

Día a día me siento plenamente identificada como Madre y considero que he desempeñado un buen rol a pesar de no tener experiencia previa. Antes del nacimiento de mis hijos, estuve dedicada 100% a una vida profesional y laboral. Para ese entonces mis prioridades eran otras y aunque si deseaba casarme y tener una familia, en mis pensamientos nunca lograba imaginar lo que representaba ser madre, quedarme en casa y cuidar bebés. No tenía ni idea como cambiar pañales, dar teteros, preparar compotas. Gracias a Dios el mejor referente siempre ha sido mi Mamá, quien con su amor, buen ejemplo y dedicación ha logrado transmitirme sabiduría para asumir este gran reto. Sin embargo, debo reconocer mis grandes errores como Madre.

mother holding her baby
Mis grandes errores como madre
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Después de 11 años ejerciendo el trabajo más bonito, gratificante y verdaderamente retador, puedo con firmeza catalogar los siguientes aspectos como:

Mis grandes errores como Madre

por Múltiples Felices

1. Creer ser de hierro

Criar a dos o más hijos al mismo tiempo es realmente agotador. Sin embargo, si no se cuentan con horas continuas de sueño es innegable una alteración tanto física como mental.

El no aprovechar el tiempo libre que me dejaban mis hijos para descansar y dormir a la par con ellos ha sido un gran error. Definitivamente mi mente y mi cuerpo necesitaban descansar y la mejor opción especialmente durante los dos primeros años de vida de mis hijos era dormir durante el día, teniendo en cuenta que en las noches era muy seguro trasnochar. El contar con pocas horas de sueño afectó mi ánimo, tranquilidad y salud. Empecé a estar de mal genio, me alteraba fácilmente, sufría constantemente de dolores de cabeza, de espalda, de cuello. Sentía que mi energía había disminuido a tal punto que iba en reversa de la energía exponencial de mis niños en crecimiento.

2. Dejarme tentar por la industria

No todo lo que brilla es oro y me arrepiento por haber caído en la trampa de creer estar brindando bienestar a mis hijos incluyéndoles en su menú productos catalogados como sanos, pero con un alto contenido de azúcar y químicos.

Compotas con preservantes y saborizantes. Consumo diario de lácteos que producen inflamación generalmente en el intestino y la piel. Jugos de cajita elaborados con frutas naturales, pero con elevados niveles de azúcar. Galletas, donuts, mezclas instantáneas de bebidas en polvo. Y peor aun generándoles el mal hábito de comer toda clase de golosinas (excepto los chicles, para evitarles problemas en su dentición). Sumado a los paquetes y embutidos.

Todos estos productos procesados son altamente adictivos y tienen una alta carga de químicos que estimulan la inflamación, alergias, obesidad, diabetes, problemas cardiacos, entre muchos otros padecimientos.

3. Perder el tiempo de valor en redes sociales

Las redes sociales definitivamente pueden generar un caos emocional en las personas, al centrarse en modelos de perfección difíciles de alcanzar. En las redes sociales se enmascara la felicidad a través de la «buena vida», la belleza, el lujo y la libertad. Personas comunes y corrientes que se apasionan y obsesionan con estas plataformas del ciberespacio además de perder su tiempo para producir y generar valor, pierden su objetividad. Tienden a vivir en depresión por no tener la vida idílica de los demás.

Como dice el adagio popular «el jardín del vecino siempre será más bonito». Esta frase es una forma cómica de expresar que como sociedad occidental quizás no estamos satisfechos con la vida que tenemos. Siempre deseamos tener más y tener lo que al parecer le genera felicidad a otros. Vivimos en una constante frustración por compararnos con los demás. Especialmente las madres que deciden dejar a un lado su vida profesional y laboral para estar en casa, añoran estar afuera produciendo. Para algunas madres el hecho de ser amas de casa las hace sentir inferiores frente a las madres que deciden delegar la crianza de sus hijos a un tercero para continuar con su vida profesional.

Sin embargo, me pregunto, ser madre y poder quedarse en casa para cuidar y ver crecer a los hijos, ¿No resulta suficiente motivo para estas felices?

Frente a las redes sociales es indispensable colocar límites. Es indispensable evitar que el tiempo de valor que podemos compartir con nuestros hijos sea desperdiciado frente a una pantalla. Y de paso evitar que desde pequeños nuestros hijos adquieran el mal hábito de obsesionarse dentro de estas redes.

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4. Posponer

Los hijos absorben la vida de cualquier mamá. Siempre desean que ella esté acompañándolos, porque a su lado sienten bienestar y protección. Algunas madres se agotan más que otras, sin embargo, compartir de lleno el tiempo de madre al lado de los hijos es una total bendición. No importa terminar todos los días totalmente agotadas, si existe el pleno convencimiento que como madres dedicadas 100% a la crianza de nuestros hijos, estamos dando toda nuestra energía y amor para mantenerlos sanos y felices. Al fin y al cabo, este agotamiento extremo de la primera infancia (0-5 años) va disminuyendo poco a poco una vez inician su etapa escolar. Después durante la infancia (6-11 años) vendrán otra clase de preocupaciones, pero las madres contarán con mayor «tiempo libre».

Sin embargo, el hecho de estar tiempo completo al lado de nuestros hijos no implica posponer y no darle prioridad a nuestra propia salud y bienestar. La gran mayoría de veces dejamos en el olvido nuestros controles médicos, alimentación sana, ejercicio, rutinas de belleza, compartir con otras madres y amigas.

Es una realidad que los hijos absorben nuestro tiempo, pero es un gran error que no permitamos darnos al menos un par de horas a la semana para procurar nuestra salud física y mental.

5. No cumplir las promesas

Muchas veces con tal de lograr que nuestros hijos hagan caso, dejen de hacer pataletas, coman completo, etc. les hacemos pequeñas promesas. Y para nuestros hijos nuestra palabra es sagrada y más aún si se trata de algún premio que conseguirán si se portan bien. El problema radica cuando no cumplimos esas promesas, el mensaje que le estamos dando a nuestros hijos es totalmente errado y estaremos perdiendo su confianza.

Para nuestros hijos sus padres lo son todo y se sentirán frustrados, tristes y decepcionados cuando sus promesas no son cumplidas. Las promesas que suelen hacer los adultos pueden parecer insignificantes e inofensivas, pero para nuestros hijos son sumamente valiosas y al no cumplirlas empezaremos a perder credibilidad.

Además, con el paso del tiempo a los niños les parecerá normal mentir y entenderán que la honestidad y el compromiso se pueden romper fácilmente.

De igual forma, resulta fundamental no prometer lo que verdaderamente no se podrá cumplir. No vale la pena perder la confianza de nuestros hijos por prometer imposibles. Si definitivamente no fue viable cumplir una promesa es necesario ofrecerles disculpas y no dejar que esto pase a mayores.

La información publicada en este blog no representa un diagnóstico o guía médica. Simplemente estoy plasmando aspectos relevantes durante el proceso de crianza, basados en mi experiencia personal como madre de Mellizos y utilizando como referencia artículos publicados por especialistas. Frente a cualquier solicitud o asesoría médica, remitirse directamente a su médico de confianza.

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